El chocolate: el regalo de Quetzalcóatl

Chocolate caliente en invierno. Recuerdos de infancia con chocolate caliente para desayunar o merendar…, una costumbre que, muchos, ya adultos, seguimos practicando. Pero que esta bebida forme parte de nuestras tradiciones en estos días de frío, no ha sido un camino fácil.

Hace 4.000 años, los árboles del cacao crecían en las cuencas tropicales del Amazonas y del Orinoco, y hace 3.000 que empezaron a ser cultivados por los olmecas y los mayas, para quienes su fruto era símbolo de vida y fertilidad, y lo bebían en forma de brebaje amargo con poderes curativos… Como siempre, las leyendas embellecen cualquier historia, y los aztecas atribuyeron al dios Quetzalcóatl su descenso del cielo para entregar a los hombres el regalo de la sabiduría: el árbol del cacao.

Los españoles, a su llegada a América, probaron la bebida y los religiosos, que formaban parte de aquellas expediciones al llamado Nuevo Mundo, empezaron a endulzarla y, también, a calentarla. El chocolate caliente había nacido.

Fue una las expediciones lideradas por Hernán Cortés, en 1520, la que, de vuelta a España, trajo consigo los primeros granos de cacao. Una vez aquí, se atribuye a la orden del Císter el especial y exitoso empeño por elaborar la receta definitiva que hiciese agradable al paladar local aquella bebida nutritiva que se hizo muy popular en los conventos.

“Cuando uno lo bebe, puede viajar toda una jornada sin cansarse y sin tener necesidad de alimentarse”

Hernán Cortés (1485-1547)

De los conventos, el chocolate caliente pasó a la corte española y se convirtió en una bebida para reyes y nobles. La hija de Felipe II, Ana, casada con Luis XIII de Francia, se llevó consigo la receta a la corte francesa, impulsando su consumo al resto de cortes europeas. Seguía siendo una bebida sólo para las élites sociales…

En el siglo XVIII, las órdenes religiosas, tan fieles al consumo del chocolate, empezaron a extender su uso entre los feligreses de las clases más populares, apreciando su valor nutritivo y reparador para la población. En el siglo XIX ya era una costumbre que el chocolate formase parte de desayunos y meriendas, y en el siglo XX se masificó, definitivamente, su producción industrializada.

Aunque la receta del chocolate pronto contó con azúcares y leche añadidos al cacao, la producción industrializada y masiva del siglo XX –y ya antes-, hizo que el chocolate experimentase la incorporación de ciertos aditivos –incluidos productos transgénicos-, que, por características y cantidad, modificaban perniciosamente sus cualidades originales…

El chocolate es rico en polifenoles-flavoides, potentes antioxidantes que protegen al sistema circulatorio, en especial al corazón, y en triptofano, promotor de la serotonina, la sustancia química que fabricamos los humanos y que es responsable de las sensaciones de placer y bienestar.

La sensibilidad del siglo XXI, apostando por una vida saludable y ética, está permitiendo recuperar el chocolate en sus mejores condiciones -como hace Foodness, la marca en la que confía Gourmet Tea, y que elabora el producto sin glúten, libre de transgénicos, con un hidrogenado sin grasa y sin lactosa, y con todo el sabor y propiedades del cacao que el dios Quetzalcóatl regaló a los hombres, hace varios miles de años…-.

¡Por muchos inviernos con chocolate caliente!.

 

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